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Ensayo de collarines intumescentes para protección pasiva contra incendios

Ensayo de collarines intumescentes para protección pasiva contra incendios

En las instalaciones modernas de los edificios es habitual la presencia de tuberías de PVC que atraviesan elementos de compartimentación, como paredes o forjados resistentes al fuego. Estas conducciones, necesarias para saneamiento o evacuación de aguas, pueden convertirse en un punto crítico durante un incendio si no se protegen adecuadamente.

En CERTIFuego, como laboratorio especializado en ensayos de resistencia al fuego, realizamos regularmente ensayos de collarines intumescentes, un sistema de protección pasiva contra incendios diseñado para mantener la integridad de los elementos de compartimentación cuando las tuberías plásticas se ven afectadas por altas temperaturas.

¿Qué son los collarines intumescentes?

Los collarines intumescentes son dispositivos que se instalan alrededor de tuberías combustibles, como las de PVC o PE, cuando atraviesan paredes o forjados con requisitos de resistencia al fuego.

En condiciones normales, el collarín permanece inactivo. Sin embargo, durante un incendio:
    •    El material intumescente se expande al alcanzar altas temperaturas.
    •    La tubería plástica comienza a ablandarse y fundirse.
    •    La expansión del material sella el hueco dejado por la tubería, evitando el paso de llamas, humo y gases calientes.

De esta forma, se mantiene la compartimentación del incendio, un principio fundamental de la seguridad contra incendios en edificios.

Normativa aplicable a los ensayos

Los ensayos de estos sistemas se realizan siguiendo normas europeas específicas para sellados de penetraciones en elementos resistentes al fuego.

Entre las principales normas aplicables se encuentran:
    •    EN 1366-3: Ensayos de resistencia al fuego para instalaciones de servicio. Parte 3: Sellados de penetraciones.
    •    EN 13501-2: Clasificación de la resistencia al fuego de productos y elementos de construcción.

Durante el ensayo se evalúa la capacidad del sistema para mantener los criterios de:
    •    Integridad (E): evitar el paso de llamas y gases calientes.
    •    Aislamiento térmico (I): limitar la transmisión de temperatura al lado no expuesto.

El resultado final se expresa mediante clasificaciones como EI 60, EI 90 o EI 120, dependiendo del tiempo durante el cual el sistema mantiene sus prestaciones.

Configuración del ensayo

En el laboratorio se reproducen condiciones reales de instalación. Para ello:
    •    Se construye un muro o forjado de ensayo con características normalizadas.
    •    Se instalan tuberías de PVC de distintos diámetros (por ejemplo 50 mm, 75 mm, 110 mm o superiores).
    •    Se colocan los collarines intumescentes según las instrucciones del fabricante.

La dificultad del montaje: un aspecto clave

Aunque el principio de funcionamiento del collarín es relativamente sencillo, el montaje correcto es uno de los aspectos más críticos del ensayo.

Algunas de las dificultades más habituales que encontramos durante la preparación de los ensayos son:
    •    Ajuste correcto del collarín al diámetro de la tubería.
    •    Fijación al soporte mediante tornillería o anclajes adecuados.
    •    Compatibilidad con el tipo de soporte (muro rígido, tabique ligero o forjado).
    •    Espacios anulares entre tubería y soporte que deben sellarse correctamente.

Una pequeña variación en el montaje puede influir de forma significativa en el comportamiento del sistema durante el incendio. Por ello, en CERTIFuego prestamos especial atención a reproducir fielmente las condiciones de instalación previstas en obra, tal como establece la normativa.

Continuamos trabajando para proporcionar ensayos rigurosos, fiables y alineados con las normas europeas, contribuyendo a mejorar la seguridad de los edificios y de las personas que los ocupan.

Diferencia entre Reacción y Resistencia al Fuego

Diferencia entre Reacción y Resistencia al Fuego

La diferencia entre resistencia al fuego y reacción al fuego es una de las cuestiones que más dudas genera en proyectos de construcción, desarrollo de producto y memorias técnicas. Sin embargo, entender correctamente ambos conceptos es clave para cumplir el Código Técnico de la Edificación (CTE), evitar rechazos en obra y garantizar la seguridad real frente al incendio. Aunque a menudo se utilizan como si fueran lo mismo, la resistencia al fuego y la reacción al fuego evalúan aspectos completamente distintos del comportamiento de los materiales y sistemas constructivos ante un incendio.

CERTIFuego, somos un laboratorio con acreditación ENAC para la realización de Ensayos de Resistencia al Fuego de materiales, no de reacción al fuego... de momento.

La resistencia al fuego hace referencia a la capacidad de un elemento constructivo completo —como un muro, un forjado, una puerta cortafuegos, un techo o un sistema de sellado— para mantener sus prestaciones durante un tiempo determinado cuando está expuesto a un incendio. Es decir, mide cuánto tiempo es capaz de cumplir su función bajo condiciones de fuego normalizadas. Esta prestación se expresa en minutos y se clasifica con designaciones como EI30, EI60, EI90 o EI120. La letra R indica capacidad portante (estabilidad estructural), la E integridad (que no pasen llamas ni gases calientes al lado no expuesto) y la I aislamiento térmico (que no se transmita calor en niveles peligrosos). Por ejemplo, un sistema EI60 garantiza que mantiene integridad y aislamiento durante 60 minutos en condiciones de ensayo.

Para obtener una clasificación de resistencia al fuego es necesario realizar un ensayo a escala real en un horno especial como el que disponemos en CERTIFuego, siguiendo normas europeas como las UNE-EN 1363, 1364, 1365 o 1634, dependiendo del tipo de elemento. Durante el ensayo, el sistema completo se somete a una curva de incendio normalizada que puede superar los 1.000 °C, mientras se monitorizan temperaturas y posibles fallos estructurales o de integridad. Se trata de un ensayo destructivo y altamente técnico, cuyo resultado permite emitir una clasificación oficial válida para justificar el cumplimiento normativo y del que nuestro laboratorio somos especialistas. Es importante destacar que la resistencia al fuego no se aplica a un material aislado, sino siempre a un sistema constructivo ensayado en una configuración concreta.

Por otro lado, la reacción al fuego evalúa cómo contribuye un material al desarrollo de un incendio. No mide cuánto tiempo resiste, sino cómo se comporta cuando empieza a arder. Analiza si el material es combustible, cuánto calor libera, cuánto humo produce y si genera gotas inflamadas. Se aplica a materiales individuales como aislamientos, revestimientos, paneles, pinturas, falsos techos o suelos. La clasificación se realiza mediante las Euroclases A1, A2, B, C, D, E y F, a las que se añaden parámetros adicionales relacionados con la producción de humo (s1, s2, s3) y la caída de gotas inflamadas (d0, d1, d2). Así, un material clasificado como B-s1,d0 tiene una contribución limitada al fuego, baja emisión de humo y no produce gotas inflamadas.

La diferencia esencial entre resistencia al fuego y reacción al fuego radica en que la primera mide la capacidad de un sistema constructivo para contener el incendio durante un tiempo determinado, mientras que la segunda mide la contribución de un material al inicio y desarrollo del fuego. Un error habitual en proyectos y licitaciones es pensar que un material con buena reacción al fuego cumple automáticamente una determinada resistencia al fuego. Por ejemplo, un panel clasificado como A2 no garantiza que el sistema constructivo en el que se integre sea EI60. La resistencia depende siempre del conjunto ensayado, incluyendo espesores, fijaciones, juntas y configuración exacta.

El CTE establece requisitos tanto de resistencia como de reacción al fuego en función del uso del edificio y de la ubicación del elemento dentro del mismo. Las compartimentaciones, elementos estructurales y sectores de incendio suelen requerir resistencia al fuego, mientras que revestimientos interiores y acabados deben cumplir requisitos de reacción al fuego. En la práctica, la mayoría de los proyectos necesitan justificar ambas prestaciones.

En definitiva, la reacción al fuego evalúa cómo se comporta un material cuando se inicia un incendio, mientras que la resistencia al fuego determina cuánto tiempo puede un sistema constructivo contenerlo sin perder sus funciones esenciales. Son conceptos complementarios pero no intercambiables. Entenderlos correctamente y apoyarse en ensayos realizados por un laboratorio acreditado es la base para garantizar el cumplimiento normativo, la seguridad del edificio y la competitividad del producto en el mercado.

En Certifuego, entendemos que un ensayo de resistencia al fuego no es solo un trámite técnico, sino una decisión estratégica que puede afectar plazos, costes y la viabilidad comercial de su producto. Por eso ofrecemos mucho más que un ensayo en horno: aportamos asesoramiento técnico previo, revisión detallada de la configuración antes de fabricar la muestra, optimización para maximizar las probabilidades de clasificación y acompañamiento durante todo el proceso hasta la emisión del informe. Nuestro enfoque combina rigor normativo, experiencia práctica en sistemas constructivos reales y una orientación clara a resultados, ayudando a fabricantes, ingenierías y constructoras a cumplir el CTE y la normativa europea con seguridad y eficiencia. Costes Reducidos, personalización y compromiso de cortos plazos en realización ensayos y emisión de informes.

Elegir Certifuego es elegir un socio técnico que entiende su mercado, protege su inversión y trabaja para que su solución llegue al mercado con garantías.

Innovación en sistemas constructivos de protección pasiva contra incendios

Innovación en sistemas constructivos de protección pasiva contra incendios

En los últimos 10–15 años, la protección pasiva contra incendios (PPCI) ha evolucionado de forma considerable. El avance de las nuevas tecnologías, los materiales y la digitalización han transformado los métodos de construcción, haciendo los edificios y construcciones en general más seguras, eficientes y duraderas. Ya no se trata sólo de cumplir la normativa: la PPCI es hoy una clave importante en la arquitectura y la gestión de riesgos.

Uno de los desarrollos más llamativos a tenido lugar en los revestimientos y pinturas intumescentes de nueva generación. Estos productos se apoyan en la nanotecnología y componentes ecológicos para mejorar la resistencia térmica sin necesidad de gruesas capas y reduciendo las emisiones de COV.

También hay que destacar los morteros ligeros y paneles de silicato cálcico que comportan un excelente aislamiento y durabilidad con un menor impacto ambiental. La tendencia, y en algunos casos exigencia, hacia la construcción sostenible ha incrementado la demanda de materiales ignífugos reciclables y ambientalmente aptos.

Al mismo tiempo, una creciente tendencia hacia la construcción modular ha llevado a desarrollar sistemas cortafuegos prefabricados con paneles sandwich resistentes al fuego o módulos de compartimentación desmontables y sellados de instalación rápida. Estos avances permiten mayor control de calidad en fábrica, reducción de tiempos de obra y una mayor trazabilidad de las soluciones ignífugas, algo especialmente valioso en sectores como la industria, la logística o la sanidad.

Las lanas minerales de última generación aportan aislamiento térmico y acústico, además de resistencia al fuego, ayudando a cumplir objetivos de eficiencia energética. Asimismo, las fachadas ventiladas con barreras cortafuegos ocultas han mejorado la seguridad en edificios en altura, combinando estética, rendimiento y protección.

Todos estos productos y materiales de construcción necesitan un ensayo de resistencia al fuego en un laboratorio de Fuego acreditado por un organismo oficial como ENAC como CertiFuego para evaluar su comportamiento y testar el cumplimiento de los requisitos de aislamiento, estanqueidad o integridad. Las normativas más recientes, han elevado las exigencias de calidad y ensayo. Hoy, los productos no solo deben resistir el fuego, sino también cumplir criterios de sostenibilidad, salud y trazabilidad. Para ello, y sobre todo, para resultar competitivos en el mercado, han de poseer un informe técnico oficial de un ensayo de resistencia al fuego.

La protección pasiva ya no se ve hoy en día como un añadido técnico de cierto valor, sino como una parte integral y esencial del diseño arquitectónico y energético del edificio.

Estos nuevos sistemas constructivos están viviendo una auténtica transformación. La combinación de materiales innovadores, diseño BIM, construcción industrializada, y compromiso ambiental está marcando un nuevo estándar en la seguridad de los edificios. En definitiva, para las empresas fabricantes de materiales de construcción como paneles sandwich, placas de yeso, pinturas, bloques y ladrillos, cementos y morteros, lana de roca, puertas, ventanas... es de suma importancia poder acreditar a través de un laboratorio certificado las cualidades de PPCI de sus productos para poder posicionarlos en un mercado cada vez más exigente.

¿Quieres impulsar un posicionamiento de tu producto en un mercado tan exigente como el actual?
Contacta con el equipo técnico de CertiFuego para que te puedan dar un asesoramiento personalizado de las necesidades y requerimientos para tu producto o solución constructiva.

Evolución de las normas de ensayos de resistencia al fuego

Evolución de las normas de ensayos de resistencia al fuego

La tecnología, los materiales, los sistemas constructivos, los riesgos cambian... En los últimos años, hemos visto actualizaciones significativas que reflejan mejoras técnicas, una mayor preocupación por la seguridad y la adaptación a nuevos riesgos.

Las normas que regulan las pruebas de resistencia al fuego como las que realizamos en CertiFuego, han evolucionado hacia una mayor exigencia técnica, con tiempos más largos, mejores condiciones de ensayo y una mayor especificidad según el tipo de elemento constructivo. Además, la aprobación del nuevo RSCIEI 2025 en España representa un cambio significativo que incorpora los avances recientes y eleva las exigencias en resistencia al fuego para los establecimientos industriales por lo que la acreditación de los laboratorios encargados de la realización de estos ensayos y la emisión de los informes correspondientes, son fundamentales para asegurar su cumplimiento.

En los últimos años se han lanzado nuevas versiones de normas que han reemplazado a ediciones anteriores, como la UNE-EN 1363-1:2020 que sustituye a versiones previas que ya están obsoletas.  Además, recientemente se han publicado nuevas versiones como la UNE-EN 15269-2:2025, que anula la versión del año 2016.

En nuestro país, se ha dado luz verde al Real Decreto 164/2025, del 4 de marzo, que establece el nuevo Reglamento de Seguridad Contra Incendios en Establecimientos Industriales (RSCIEI). Como era de esperar, este reglamento aumenta la vigilancia en la seguridad y exigencia, imponiendo normas más estrictas sobre la resistencia al fuego de los materiales, la compartimentación y las condiciones mínimas, entre otros aspectos. Este nuevo decreto reemplaza al anterior RSCIEI de 2004.

Otra de las novedades más destacadas es el Reglamento Delegado (UE) 2024/1681, que modifica los requisitos de resistencia al fuego para cables eléctricos, para cuyos ensayos CertiFuego está acreditada por ENAC, en el contexto del Reglamento de Productos de la Construcción. Esto implica la introducción de nuevas clasificaciones, como cables que cumplen con ciertas clases de reacción al fuego y emisiones de humo.

Además, con la nueva normativa española, muchos elementos constructivos deberán cumplir con una resistencia al fuego mínima de EI-60 (60 minutos) para las barreras contra incendios, como muros y puertas entre otras. Así mismo, en situaciones de mayor riesgo o en el caso de almacenamientos peligrosos, se exigirán tiempos de resistencia superiores de 90 y 120 minutos (EI-90 o EI-120).

En el Laboratorio de Ensayos de Resistencia al Fuego de CertiFuego, estamos acreditados por ENAC para la realización de ensayos según las siguientes normas:

  • Estructuras/elementos de construcción (UNE-EN 1363-1 2021/UNE-EN 1363-3 2000)
  • Elem. estructurales. Protección pasiva aplicada a los elem. acero (UNE-EN1381-4 2014)
  • Techos no portantes (UNE-EN1364-2 2019)
  • Paredes portantes (UNE-EN1365-1 2016)
  • Suelos y cubiertas portantes (UNE-EN1365-2 2016)
  • Instalaciones de servicio. Sellados de penetración (UNE-EN1366-3 2023)
  • Revestimiento de túneles de hormigón (Efectis-R0695:2020 Sección 5)
  • Instalaciones de servicio. Sellados de juntas lineales (UNE-EN1366-4 2022)
  • Paredes no portantes (UNE-EN1364-1 2019)
  • Elem. estructurales. Protección reactiva aplicada a los elem. acero (UNE-EN1381-8 2015)
  • Elem. de construcción. Ppios. generales (excepto medidas radiación) (BS 476-20 1987)
  • Elementos de construcción con carga. (BS 476-21 1987)
  • Elementos de construcción sin carga (excepto puertas aislantes) (BS 476-22 1987)

Además, Somos uno de los pocos laboratorios del país con acreditación para la realización de informes con la Curva Tiempo-Temperatura “Rijkswaterstaat”, RWS, que llega a alcanzar los 1.300 grados centígrados en 30 minutos, además de la también importante la HCM o Curva de Hidrocarburos exigida en los pasos de túneles en Francia.

 

¿Cuánto de importante es la protección pasiva?

¿Cuánto de importante es la protección pasiva?

¿De verdad aún te haces esa pregunta? En la construcción, la seguridad y la durabilidad de los edificios son fundamentales y valorados. Más allá de lo bonito, de lo que pueda gustar o no, o lo práctico que resulte, es crucial que cada estructura esté lista para responder al paso del tiempo, cualquier accidente que pueda ocurrir y por su puesto, el fuego. En este sentido, la protección pasiva se ha vuelto un elemento esencial en cualquier tipo de construcción, ya sea residencial, industrial o una infraestructura pública.

Pero antes de empezar... ¿Qué es la protección pasiva?

La protección pasiva es el conjunto de todos esos sistemas, materiales y soluciones constructivas diseñados para prevenir o retrasar los efectos de un incendio sin necesidad de usar dispositivos automáticos o que intervenga el humano. Al contrario de la protección activa, como los aspersores/rociadores o los sistemas de detección, la protección pasiva trabaja en todo momento, como una barrera indetectable pero muy efectiva.

Para asegurarnos que estos sistemas sean efectivos, llevamos a cabo ensayos y pruebas en laboratorios como CertiFuego, que verifican su comportamiento frente al fuego y la temperatura en condiciones extremas. Estos ensayos son cruciales para certificar que los materiales cumplen con las normativas actuales y ofrecen el nivel de resistencia necesario. Y decimos bien, certificar, porque no cualquier ensayo es válido para poder certificar la resistencia de un material al fuego.

Ensayo de resistencia al fuego ¿En qué consiste?

Uno de los aspectos más importantes de la protección pasiva en el que trabajamos en nuestro laboratorio, es la resistencia al fuego. Para evaluar este comportamiento, los materiales y sistemas constructivos se someten a un ensayo de resistencia al fuego en unas instalaciones específicas, donde se evalúa, siempre siguiendo la norma correspondiente, cuánto tiempo pueden mantener su integridad estructural, estanquidad y aislamiento térmico durante un incendio.

Realizamos este ensayo en un entorno controlado dentro de un laboratorio con un equipo (horno) especial, donde se simulan condiciones reales de incendio. Los resultados permiten clasificar los materiales y sistemas según su capacidad para resistir el fuego, asegurando así la seguridad de las edificaciones, según su nivel de resistencia expresado en minutos (EI30, EI60, EI120, etc.).

De esta manera, se asegura que estos elementos constructivos (puertas, muros, revestimientos o sellados cortafuegos), retrasen la propagación del fuego y del humo, protegiendo tanto a las posibles personas como a la estructura de la edificación.

Como hemos visto antes, la protección pasiva no se limita a un tipo específico de edificación. Sus principios se aplican a una variedad de proyectos:

    •    Edificios residenciales: aislamiento térmico, sellos cortafuegos, carpinterías resistentes al fuego.
    •    Oficinas y centros comerciales: divisiones con resistencia certificada, falsos techos ignífugos.
    •    Infraestructuras públicas e industriales: recubrimientos intumescentes, puertas cortafuegos, barreras de humo.
    •    Obras de ingeniería civil: protección de túneles, estructuras metálicas y depósitos energéticos.

Cada una de estas soluciones se valida mediante un ensayo de protección o un ensayo de resistencia al fuego específico para su uso, realizado en un laboratorio acreditado en resistencia al fuego como Cerftifuego, acreditado por la entidad ENAC.

Y ¿Porqué es esto tan importante?

Poder poner en el mercado productos y materiales certificados y probados adecuadamente es fundamental. Solo a través de un laboratorio acreditado ENAC en resistencia al fuego se puede garantizar que cumple con los requisitos técnicos establecidos por las normas nacionales e internacionales. Estos ensayos homologados no solo aseguran la calidad de estos materiales, sino que también generan confianza en empresas constructoras y promotoras, arquitectos o ingenieros que definirán su decisión de compra, así cómo en los usuarios finales.

Integrar soluciones certificadas y validadas a través de un centro acreditado es crucial para garantizar la seguridad de todos.

En CertiFuego contamos con la acreditación ENAC para la realización de estos ensayos de resistencia al fuego, prestando a nuestros clientes un servicio de atención integral desde el asesoramiento técnico inicial hasta la emisión de informe certificado ENAC Nº 1595/LE2955, de manera rápida, flexible y personalizada a unos costes reducidos.

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